LA AUTOESTIMA EN EL SISTEMA TEÓRICO DE ROGERS

Introducción:

 

En los últimos 30 años se han publicado una avalancha de libros cuyo foco central ha sido qué es la autoestima y cómo mejorarla. Se ha hecho de este concepto la causa principal del comportamiento humano: de las buenas y las malas decisiones, del nivel de funcionalidad del individuo, de la calidad de sus relaciones interpersonales, del éxito de la elección vocacional, etc. El enfoque dado en la mayoría de los casos es cuantitativo, de tal suerte que se habla de “alta” o “baja” autoestima y por supuesto se le ha intentado medir a través de numerosos inventarios que varían por su grado de sofisticación y el nivel de confiabilidad. La duda sobre lo atinado de estas aproximaciones surge ante dos cuestionamientos:

  1. La “autoestima” es ante todo una abstracción, no es algo objetivo. Al no ser algo objetivo se han buscado formas para “operacionalizarla”, como son el tipo y número de mensajes que nos mandamos a nosotros mismos en el monólogo interior y se pretenden identificar a través de los inventarios. Con esto se corre el riesgo de estar utilizando “entidades teóricas innecesarias”, pues al final de cuentas lo que se mide son los mensajes.

  2. Al emplear la “autoestima” como explicación de la conducta, es muy fácil caer en una tautología. ¿Por qué Pedro tiene relaciones conflictivas? Por su baja autoestima. ¿Cómo sabemos que Pedro tiene baja autoestima? Por sus relaciones tan conflictivas. En pocas palabras no explicamos nada.

 

El propósito de este breve artículo consiste en contextualizar el concepto de autoestima en la teoría de la personalidad que propuso Carl Rogers y desde esta perspectiva comprender su potencial teórico.

 

Breve semblanza de la teoría de la personalidad de Rogers

 

         La teoría de la personalidad de Rogers se inserta en la tradición fenomenológica, de acuerdo con la cual solo podemos llegar al conocimiento si nos atenemos únicamente a la información que llega a través de nuestros sentidos, más allá de los cinco más conocidos. Por lo que la suspensión inicial de las facultades analíticas tales como el juicio y la interpretación, por una parte, y la aceptación de la intuición como método holístico válido de aprehensión, son indispensables.

         No es de extrañar entonces que la teoría de Rogers inicie con tres postulados muy reveladores:

     “1) Todo individuo vive en un mundo cambiante de experiencias de las cuales es el centro...

     “2) El organismo reacciona ante el campo tal y como lo experimenta y lo percibe. Este campo perceptual es para el individuo la ´realidad´... 

     “3) El organismo reacciona como una totalidad organizada ante su campo fenoménico...”

 

         En pocas palabras el organismo/individuo reacciona como un todo hacia lo que parece ser su realidad, que es una cambiante configuración (Gestalt) de experiencias sensoriales y viscerales. La conducta obedece a factores subjetivos.

         ¿De qué depende el que esta Gestalt experiencial este cambiando? Rogers propone su primer postulado de carácter motivacional: “El organismo tiene una tendencia o impulso básico a actualizar, mantener y desarrollar al organismo experienciante”. Cabe destacara en esta premisa los siguientes aspectos:

  1.    Dicha actualización  es un proceso integral psicofísico que abarca , una mayor diferenciación de órganos y funciones propias de la vida fetal, la expansión a través del crecimiento en la niñez, y de la reproducción en la etapa adulta, y simultáneamente , en el plano psicológico, una más eficiente autorregulación y una mejor socialización.

  2.    La actualización, en tanto que impulso vital, va más allá de la preservación del organismo/individuo e incluye su desarrollo y expansión, el querer ir más allá.

  3.    Esta disposición a desarrollarse no está exenta de lucha, dolor y visicitudes. Desarrollarnos no es un movimiento fácil y siempre progresivo.


     ¿Cómo se manifiesta esta tendencia a la actualización y el desarrollo? El quinto postulado es muy esclarecedor al respecto: “La conducta es básicamente el esfuerzo intencional del organismo por satisfacer sus necesidades tal y como las experimenta, en el campo tal y como lo percibe”. Experimentar necesidades y buscar la forma de satisfacerlas es índice de actualización y desarrollo. En este caso se desprenden importantes corolarios:

  • 1.   Las necesidades, experimentadas como tensiones fisiológicas, son la base motivacional de la conducta.
  • 2.   La conducta es “causada” no por lo que sucedió en el pasado sino por lo que está ocurriendo en el presente. Por las necesidades experimentadas aquí y ahora.
  • 3.   La conducta es ante todo un acto propositivo centrada en la satisfacción de las necesidades.
  • 4.   Las necesidades son susceptibles a la influencia del condicionamiento cultural, de tal forma que pueden ser ignoradas, relegadas, distorsionadas y suplantadas por otras socialmente válidas, con el consecuente deterioro del proceso de actualización original. Si bien tenemos una tendencia innata a la actualización y desarrollo las circunstancias ambientales pueden afectar el curso y expresión del mismo.

¿Qué papel juegan las emociones en todo este proceso? Rogers es muy claro: “ La emoción acompaña y en general facilita esta conducta intencional; el tipo de emoción está relacionado con los aspectos de búsqueda vs. aspectos consumatorios de la conducta, y la intensidad de la emoción con la significación percibida de la conducta para la preservación y desarrollo del organismo”. Llama la atención tres aspectos de este postulado:

  • 1)   La emoción sólo acompaña a la conducta.
  • 2)   El tipo de emoción que acompañe a determinada conducta depende de “qué se busque y qué se logre encontrar”
  • 3)   La intensidad de la emoción depende de que tan importante sea considerada por el organismo/individuo para su preservación y desarrollo. Las emociones son las señales que  revelan el curso de nuestro proceso de actualización.

El siguiente postulado de la teoría de la personalidad de Rogers cae por su propio peso, la conducta del organismo solo puede ser comprendida desde el particular contexto de percepciones, necesidades, emociones, etc.  del propio individuo. Es decir, la conducta es el resultado de una configuración personal integrada por  las experiencias sensoriales (relativas al medio ambiente), las experiencias viscerales (necesidades y emociones), los procesos de simbolización y el logro de la meta (satisfacción de necesidades). La forma objetiva de la conducta por sí misma y sus nexos ambientales no puede revelar su significado total.

Y aquí vienen una serie de postulados que inciden directamente con el propósito de este artículo y me refiero a los concernientes al si-mismo.

     “8) Una parte del campo perceptual total se diferencia gradualmente, constituyendo el sí-mismo.

     “9) Como resultado de la interacción con el ambiente,  y particularmente como resultado de la interacción valorativa con los demás, se forma la estructura del sí-mismo: una pauta conceptual organizada, fluida pero congruente, de percepciones de las características y relaciones del “yo” o del “mi” conjuntamente con los valores ligados a estos conceptos.

     “10) Los valores ligados a las experiencias, y a los valores que son parte de la propia estructura, en algunos casos son valores experimentados directamente por el organismo, y en otros son valores introyectados o recibidos de otros, pero percibidos, de una manera distorsionada, como si hubieran sido experimentados directamente.

          La primera gran distinción importante tiene que ver con el sí-mismo y su estructura. El uno tiene que ver más con las experiencias sensoriales y viscerales y el otro con los procesos de simbolización. El primero está mejor fincado en la biología del organismo, y es intrínsecamente congruente, mientras que el segundo es influido poderosamente por el entorno social, al punto de que los valores que lo rigen pueden ser contrarios a los organísmicos,  frecuentemente no se puedan distinguir de éstos, y requiere de un esfuerzo especial para mantener su consistencia respecto a la información que proviene de la experiencia. Lo que el individuo cree de sí mismo coincide en diversos grados con lo que es, y puede llegar a ser “más importante” que su sí-mismo  real.

         Los siguientes dos postulados revelan la relación que existe entre la estructura del sí mimo y el comportamiento.

     “11) A medida que se producen experiencias en la vida del individuo, éstas son; a) simbolizadas, percibidas y organizadas en cierta relación con el sí-mismo, b) ignoradas porque no se percibe ninguna relación con el sí-mismo, c) se les niega la simbolización o se les simboliza distorsionadamente porque la experiencia no es compatible con la estructura de sí mismo.

     “12) La mayoría de las modalidades de conducta que el individuo adopta son compatibles con el concepto de sí-mismo.”      

         Aquí vemos, primero, cómo se fractura aparentemente la “totalidad” del individuo, al tener dos fuentes de información que pueden ser incompatibles: la experiencia y sus procesos de simbolización, el sí-mismo y su estructura, sus propias necesidades y las de los demás. Segundo, cómo es importante la congruencia y en aras de lograrla puede sacrificar información valiosa de sí-mismo pero percibida como “amenazante”. Y tercero, cómo el significado de sus propias experiencias puede ser distorsionado para preservar la aceptación de los demás, y la consistencia de la estructura del sí-mismo. El problema de la autoestima tiene una doble vertiente: a)  la confusión entre lo que soy, lo que creo que soy, y b) un no tener claros los parámetros que me indiquen qué información debe ser la más importante para mi.

         Los siguientes tres postulados de la teoría tienen que ver con la disfuncionalidad de la personalidad.

     “13) La conducta puede surgir en algunos casos, a partir de las experiencias y necesidades orgánicas que no han sido simbolizadas. Tal conducta puede ser incompatible con la estructura del sí-mismo, pero en esos casos el individuo no es dueño de sí.

    “14) La inadaptación psicológica se producen cuando el organismo rechaza de la conciencia, experiencias  sensoriales y viscerales significativas, que en consecuencia no son simbolizadas y organizadas en la totalidad de la estructura del sí-mismo. Cuando se produce esta situación hay una tensión psicológica básica o potencial.

     “16) Cualquier experiencia incompatible con la organización o estructura de la persona puede ser percibida como una amenaza, y cuanto más numerosas sean estas percepciones, más rígidamente se organizara la estructura de loa personalidad para preservarse”

         Como se aprecia, aunque no se simbolicen las experiencias que se contraponen con la estructura del sí-mismo, de todos modos afectan y se traducen en comportamientos, o sea el organismo manifiesta su supremacía sobre el intelecto.  Se requiere de un “esfuerzo” especial para prever la amenaza y contrarrestarla a través de un sistema de defensas que aminoran el riesgo pero que, por su rigidez, facilitan otras situaciones de incongruencia. Entre más nos defendemos para mantener una imagen de lo que creemos que somos o deberíamos de ser, mayor es la cuota de salud mental que pagamos.

         ¿Entonces cuál sería el modo óptimo de funcionamiento de la personalidad y cómo propone Rogers restituirlo? La respuesta la encontramos en los siguientes postulados:

     “15) La adaptación psicológica existe cuando le concepto de sí mismo es tal que todas las experiencias sensoriales y viscerales son, o pueden ser, asimiladas en un nivel simbólico en relación compatible

con el concepto que de sí.

     “17) En ciertas condiciones, que implican principalmente una ausencia total de amenaza para la estructura del sí-mismo, se pueden percibir y examinar experiencias incompatibles y se puede revisar la estructura del sí-mismo para asimilar e incluir tales experiencias.

     “18) Cuando el individuo percibe y acepta en un sistema compatible e integrado todas sus experiencias sensoriales y viscerales, necesariamente comprende más a los demás y los acepta como personas diferenciadas.

     “19) A medida que el individuo percibe y acepta más experiencias orgánicas en su estructura del sí-mismo, encuentra que está reemplazando su actual sistema de valores –basado en gran medida en introyecciones simbolizadas de manera distorsionada – por un proceso continuo de evaluación organísmica.”

         La imagen distorsionada de sí mismo tiene su origen pues  en la censura de los otros respecto a nuestras experiencias sensoriales, necesidades, emociones y conducta. En aras de la aceptación, necesidad crucial para todos los seres humanos,  sacrificamos nuestro centro valoral real (el organísmico) y lo suplimos con los criterios ajenos, los cuales introyectamos . La clave está en proporcionar condiciones de respeto, aceptación, empatía y congruencia, para que la persona deje de sentirse amenazada por las experiencias incongruentes con su estructura, las pueda reconocer como propias y asimilarlas a su estructura, lo cual implica una reconfiguración que la aproxime progresivamente al sí-mismo real. En otras palabras, si soy aceptado incondicionalmente, aprenderé a aceptarme incondicionalmente y lograré aceptar a los demás de la misma manera.

¿Cómo podría ser entendida la autoestima desde este marco de referencia?

 

         Como una forma de relación con nuestra propia experiencia que implica:

  • 1)   Una actitud de aceptación  hacia los datos que provienen de la misma tanto a nivel sensorial como visceral
  • 2)   Una simbolización fiel de dicha información
  • 3)   Un centro de valoración interno en torno al sí-mismo
  • 4)   Una flexibilidad de nuestra estructura del sí-mismo que le permita reconfigurarse a partir de la nueva información experiencial.

 

En la línea de Branden, la autoestima es ante una experiencia interna a la que solamente tiene acceso el individuo. Es decir es un tipo de vivencia en la que el propio individuo se realimenta respecto a sus atributos y valores.  No es pues, una cuestión de cantidad, sino de calidad. Al parecer las condiciones óptimas para su restauración son las mismas que Rogers propone como parte de su enfoque terapéutico: la aceptación incondicional positiva, la empatía y la congruencia.

 

 

                                                        Lic. Arturo Etienne Garza

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